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El Ingles de las Orquídeas
La vida de
John Oswald Hall
Por
Edgardo Tosi

La Asociación Amigos del Instituto Juan O. Hall deseosa de
conocer los orígenes del Instituto y la vida que quien fuera el legatario de los
bienes que permitieron su nacimiento, me propuso mancomunar esfuerzos para
tratar de obtener información que permitiera realizar una publicación. Es esta
una incompleta biografía apoyada en el material recopilado hasta la fecha.
El 5 de Enero de 1936 fallecía Juan O. Hall en Enciso 4250
por una hemorragia cerebral no traumática. El certificado médico firmado por el
Dr. Wolfe Jonas Morris, viejo médico de cabecera del extinto, acompañaba el acta
de defunción donde se consignaba que el fallecido había testado ante el
escribano José María Torreguitar.
De origen ingles, John Oswald Hall había nacido el dos de
marzo de 1849 en Carnavon Hall, Stratford, Inglaterra siendo el hijo menor de
Richard Hall y Frances Latham Colin. En su escritorio rodeado de cientos de
libros un estandarte de seda y un plato de cerámica ostentaban el escudo de la
familia. Salvo su hermana, Mary Bertha, monja carmelita recluida en un convento
de esa congregación en Chichester Susexx, nadie de la familia de John Hall había
quedado en Inglaterra. Estaban repartidos por el mundo. En Buenos Aires, donde
también se encontraba radicada la familia de su madre, en Nueva Orleáns, sur de
los Estados Unidos y en Hobart, Tasmania, donde se había instalado un hermano de
su padre. Los sentimientos religiosos están dirigidos en la familia Hall al
culto católico romano, lo que marcará en forma destacada la personalidad de
nuestro biografiado a lo largo de su vida.
Desconocemos el momento preciso de su arribo a nuestro país.
La primera referencia sobre su persona se remonta a cuando cuenta con algo más
de 20 años de edad. Es a comienzo de la década del 70 del siglo pasado, que lo
encontramos instalado en la parroquia de Catedral al Norte, zona de preferencia
de la población inglesa.
Se ubica a pocos pasos de la plaza de Mayo, frente al viejo
Teatro Colón, domiciliado en Reconquista 24. Cuenta con un comercio que opera en
importación de té, al 32 de la misma calle. La introducción de éste producto y
su posterior comercialización serán el medio de vida de toda su existencia.
El veinte de Agosto de 1874, fines de la presidencia de
Sarmiento, compra a José Giménez Paz y a Guillermo Gowland, dos fracciones de
terrero adquiridas pocos días antes por ellos a María y Elisa Brown ( tal vez,
nietas del Almirante ). Estos terrenos estaban situados cerca de los “Mataderos
del Sur, Partido de san José de Flores” hoy avenida Coronel Roca entre Abraham
J. Luppi y Erezano a pocas cuadras del Puente Uriburu. Zona que comenzaba a
tomar carácter industrial. El hecho denota una prospera posición económica. El
motivo de la compra permite suponer dos intenciones: construir un depósito de la
mercadería o con ese espíritu bucólico que siempre a caracterizado a los
ciudadanos británicos disponer de un lugar alejado del centro de la ciudad donde
poder desarrollar sus inquietudes botánicas. Ninguno de los dos proyectos
llegará a concretarse. Olvidandose con los años de aquella propiedad. Hall
llegará a sus deseos de una residencia bucólica recién 18 años después, en Villa
Devoto.
La vida comercial de nuestro hombre (importación de té) se
diluye en nuestra información. Debemos suponer que esta última prosperó en forma
sostenida. Ya que, aún sufriendo los avatares de las reiteradas crisis
económicas de la época, la importación está amortiguada respecto a los problemas
internos. Además el consumo de se té fue incrementando con el giro de las
costumbres de aquella sociedad que ambicionaba salir de los gustos pueblerinos
de “La gran Aldea”. Para el siglo siguiente registrará dos marcas de té: el
“JOH” y el más conocido de “Elefante”. (Con espíritu paternalista que lo
acompañó toda su vida, tratará de que el personal de su firma continúe la
actividad luego de su eventual muerte, facilitando para ello el apoyo financiero
necesario. La Segunda Guerra Mundial y el cambio sustancial que se producirá en
el país luego de esta en el campo de la importación hizo que sus deseos no
pudieran cumplirse).
Participa a fines de la década del 1870, del empréstito que
facilita la campaña del Gral J. A. Roca a la conquista del Desierto, obteniendo
por ese motivo luego del 80 una propiedad de 25.000 hectárias, que bautizará
“Sidebottom”, en el departamento 1° sección 13 del territorio de la Pampa
Central. Durante los años siguientes, a la par del desarrollo producido en el
país, Hall produce un cambio sustancial y en su vida. El incremento en su
comercio de importación de té provocará la mudanza, en 1889, de sus
instalaciones en Charcas 1947, entre Ayacucho y Río Bamba, propiedad de Elvira
Dillon. Se utilizaba el lugar hasta ese momento como inquilinato, debiendo
agregarse ante la nueva actividad un amplio galpón de depósito. Comprará la
propiedad En 1894 y cuatro años después, lo hará con otra lindera..Igual
política seguirá a través de los años, hasta 1909, llegando a adquirir a lo
largo de esa cuadra a ambos lados de la calle, un total de 12 propiedades,
muchas de ellas con finalidad de renta.
Muda su negocio de Reconquista 32, traslada también su
domicilio a cuatro cuadras de el primer lugar, Reconquista 445, entre Corrientes
angosta y Lavalle.
Siempre hemos deseado descubrir algún indicio que
r4elacionara a Juan Hall con la familia Devoto. Viviendo los Viale en
Reconquista 52 y el matrimonio de Antonio con Rosa Viale en Reconquista 572, la
vecindad permite fácilmente llegar al supuesto. Pero como contrapartida de esa
posible relación, Juan Hall no tendrá cuenta en el Banco de Italia y Río de la
Plata, aún cuando su domicilio y negocio fueran vecinos del Banco. Hall no
tendrá cuenta en ese Banco ni aún en los últimos años de su vida en que llegará
a operar en 8 bancos. De una forma o de otra, nuestro hombre será accionista del
Banco Inmobiliario, fundador del pueblo de Villa Devoto y comprará su primera
fracción en la Villa mediante el pago con acciones cuando el banco estaba en
vías de transformación.
Esta primera adquisición, la parte sudoeste de la manzana
140, es escriturada el 5 de Julio de 1892. el primero de Octubre siguiente lo
hará con la manzana 141, manzana triangular, enfrentada a la anterior por la
calle Habana, donde su anterior propietario Egipziano Giglioli, uno de los
tantos constructores pioneros radicados en Villa Devoto en los primeros años de
su existencia, había erigido una finca, seguramente de tipo económico.
Mr. Hall estaba interesado en la posibilidad de radicarse
en ese lugar alejado de la vorágine de un mundo en crecimiento explosivo, como
era en aquellos momentos Buenos Aires. Las acechanzas de las difusas “miasmas”
caídas sobre la cuidad durante la epidemia de cólera de 1887, como así también
el degradamiento de la ciudad ante la invasión de una inmigración paupérrima y
analfabeta, debían tocar tanto la sensibilidad como la practicidad que
demostraba siempre nuestro hombre. Si aún no había sentido inquietud por el
cultivo selectivo de flores fue en esos momentos en que debió concebir la idea.
Completará la compra en 1898 de la totalidad de la manzana 140 a Jorge Nelson y
de la manzana 139 a Enrique Quesada. En aquella primera manzana sobre la parte
de la cual ya era propietario construye en 1895 un galpón para depósito de
herramientas y forrajes y un posible invernáculo.
Sus inversiones no terminaron allí. Sobre la plaza, frente
a la avenida Nacional hoy Salvador M. del Carril frente a la quinta de veraneo
de don Antonio Devoto en terrenos que habían sido del cuñado de éste, José Viale,
levanta un palacete para vivienda permanente, en Diciembre de 1897, uno de los
primeros y más importante de la villa erigido con esa finalidad. Adoptará,
dirigido por el arquitecto R. H. Limase un diseño de influencia afrancesada.
Había participado ya el año anterior en la fundación de la Sociedad de Fomento
de Villa Devoto, denotando un interés efectivo por la zona.
Finalizaba el siglo y el nuevo pueblo que había sufrido un
proceso de aletargamiento debido a la crisis del 90, reinicia un franco
crecimiento.
En Julio de 1897, es colocada la piedra fundamental del
edificio del Seminario Conciliar que en 1899 iniciará sus actividades en la
Villa, aún cuando la terminación del edificio llevará varios años más. La
construcción del templo de la Inmaculada Concepción erigido por los donativos de
Mercedes Castellanos de Anchorena será consagrado ese año. Será el primer templo
de Villa Devoto, ya que el que comenzará a construir el Banco Inmobiliario en la
avenida Lincoln no será terminado hasta 1928. (Es oportuno recordar que el
nombre inicial de aquel iba a ser Santa Rosa y no San Antonio como fue bautizado
posteriormente).
Para 1895 existía una capilla de carácter precaria en
Habana y Bahía Blanca que Enrique German Herz ubica en los terrenos de Hall,
quien habría sido, según la tradición, el encargado de su mantenimiento, pero
que los planos municipales de 1895 ubican con el nombre de Santa Rosa, en la
esquina noroeste, terrenos propiedad de Miguel Mulhall.
Los Jesuitas llegados con los primeros pasos del seminario
serán en 1897 quienes utilicen el lugar que ya existía, agregandole una campana,
a la precaria capilla, dando allí regularidad al servicio dominical hasta el 99,
fecha en que se trasladaron a terrenos del seminario. La relación de Mr. Hall
con los jesuitas, que pudo existir anteriormente a esa fecha, se hará muy
estrecha desde ese momento y continuada con el paso de los años. Es conocida su
asistencia casi diaria al templo de La Inmaculada, el arreglo de los altares con
sus flores alguno de los cuales mandó a construir. En 1908 donará unos
imponentes cortinados de seda china, que merecieron un extenso artículo del
diario Herald del 28 de Abril de ese año y que adornaron el altar mayor hasta la
década de 1970 en que por el cambio de la liturgia son retirados y trasladados a
Bélgica para su venta.
Esa estrecha relación continuará hasta su muerte en que no
olvidará a la congregación, legandoles $ 50.000 m/n y nombrandolos herederos de
una sexta parte de los bienes sobrantes luego de otorgados los legados. Esta
herencia deberá ser aplicada a la enseñanza en el país. Pide además, se den
misas a su nombre. Su testamento reflejará esa preocupación por el culto
católico que lo ha acompañado toda su vida otorgando fondos para iglesias de
distintos puntos del país y del extranjero.
Cuando entrega $ 10.000 m/n para el Ejército de Salvación
lo hace con la expresa condición de que el dinero no sea utilizado para “que
hagan propaganda de su religión”.
Generalmente cuando se rememora a Mr. Hall se lo imagina un
hombre alejado del mundo, osco, sin amigos, oculto tras amplios paredones de las
miradas de los extraños. Algo de todo ello pudo haber sucedido, sobre todo en
sus últimos años de su vida, aunque todos en aquella época reconocen su
amabilidad y don de gente. Hombre culto, conocedor del mundo, de una posición
económica firme, era servido por mucamas, mucamos, cocineras, choferes y un
grupo de numerosos e imprescindibles jardineros.
Se habla de reuniones sociales con la presencia numerosa de
visitantes, arribados en carruajes y automóviles. Gustaba del juego de naipes,
sobretodo del bridge. Estaba asociado al tradicional Club Mar del Plata, cuidad
que visitaba desde comienzos del siglo, donde tenía una casa y en donde pasaría
su último veraneo a comienzos de 1935.
Pertenecía al Club inglés y a la “British Society”
institución social esta última que represento a toda la colectividad desde 1912,
año de su formación, hasta comienzos de la Segunda Guerra Mundial en que fue
perdiendo vigencia hasta desaparecer. Hall demuestra en estas asociaciones estar
preocupado por sus compatriotas aunque no lo veamos participando en el barrio de
las actividades comunitarias. Hecho que creemos se explica teniendo en cuenta
que, quien propiciaba esas actividades en la villa era la iglesia anglicana,
hecho que no agradaría a Hall como lo vemos reflejado en su opinión del Ejército
de Salvación.
La primera Gran Guerra sin duda afectó su sensibilidad. Ya
algo mayor para participar en el combate, apoyo a su patria. En su testamento no
olvida legar $ 50.000 al gobierno Británico para apoyo a los desvalidos por la
guerra, igualmente lo hace con sendos $ 25.000 para los reinos de Italia y
Bélgica para igual destino.
Era hombre sociable y con una profunda preocupación por el
prójimo. Su testamento lo refleja a las claras. Empleados, sirvientes, ex
empleados, médicos, enfermeras, amigos, parientes son recordados meticulosamente.
Más de una docena de ahijados, generalmente hijos de de amigos y sirvientes, a
quienes debió acompañar en la pila bautismal, reciben su recuerdo. Llega su
preocupación a un ahijado radicado en Inglaterra hijo del jardinero que
trabajaba en el convento de Chichester donde vivía su hermana.
Recorrerá el mundo, aunque no podemos corroborar las
referencias de que habría sido propietario de extensas tierras en oriente,
motivo de esos viajes. Estos sirvieron para hacer acopios de sus recuerdos,
objetos cuyo valor era quizás para él mayor que el real. Motivado por esa
sobrevaloración de los objetos, al legar a la Universidad esa colección, lo hace
con la intención de propiciar un museo. Los técnicos no les asignan suficiente
importancia para tal fin, salvo a un inmenso juego de mesa de porcelana china
cuyo destino, nosotros hoy, desconocemos. “No existe en casa del causante fuera
de la colección de orquídeas, objetos de valor para construir un museo
propiamente dicho, los únicos objetos de valor es un servicio de mesa de
porcelana china. Lo que si constituye realmente una colección valiosa son las
orquídeas, existen también bastantes libros sobre el cultivo de orquídeas y
otros libros de literatura”
En 11 invernáculos 817 orquídeas de todas las procedencias
eran el patrimonio que se destacaba y que habían hecho de Juan Osvaldo Hall “ el
ingles de las flores”.
Su actividad lo había transformado en un hombre famoso por
muchos años. En 1908 el Herald, que habla de sus cortinas de seda para el altar
de la Inmaculada, hace un alto para maravillarse de sus orquídeas. El presidente
Figueroa Alcorta visita el lugar con una numerosa comitiva según registra Caras
y Caretas. Se habla también de otras personalidades. Sobre todo de presidentes:
Roca por haber visitado Villa Devoto en varias oportunidades, Quintana por
amistad con José Viale quien le vendiera la propiedad frente a la plaza,
Irigoyen por su proximidad al Dr. Francisco Beiro y sus visitas periódicas a la
plaza Arenales poco antes de morir, Marcelo T. de Alvear acompañando al Príncipe
de Gales en 1925 cuando este pasará por Devoto camino al Colegio Militar o a
Hurlingham a jugar al polo. Algunas serán reales otras sólo rozarán esa verdad,
pero todas incentivan el mito de un hombre que vivió adorando sus flores. En el
momento de su muerte vivía en Enciso 4150 en una vivienda que en estilo rústico
se extendía por buena parte de la cuadra. Allí estaba no solo su vivienda sino
que compartía el espacio con sus flores ya que 10 de los invernáculos estaban en
el mismo edificio.
La pregunta de rigor es donde están esas flores. Luego de
fallecido, su legado a la Universidad de las dos manzanas 141 y 140 más $
200.000 en bonos de deuda permitían esperar que todo se desarrollara rápidamente.
Pero la Universidad, con la participación de las facultades de Agronomía y
Veterinaria y Ciencias Exactas y Naturales, recién en 1948, 12 años después crea
la Escuela de Jardinería y Botánica. Mientras el albacea testamentario, Carlos
Meyer en 1942, 6 años después de haberse hecho efectivo el legado, reclama de la
Universidad que se agilicen los trámites y que se controle el estado de las
instalaciones acusando de abandono de los invernáculos donde se dice que no se
hace funcionar la calefacción desde hace tiempo. Informa que de aquellas 817
orquídeas no quedan más de 200 con vida. En el descargo de la Universidad
dirigida en esos momentos por el Dr. Saavedra Lamas se habla de que se habían
robado 111 orquídeas y que todo lo existente en la casa, salvo el juego de
porcelana, fue vendido en pública subasta por $ 700
quedando en poder de Arturo E. Welch., depositario de los
bienes, el juego chino de porcelana. La Universidad no logrará explicar
convincentemente el porque de su apatía. Se esta transitando un período
controvertido de la historia nacional del cual la Universidad no estaba ajena.
En definitiva busca justificarse, con argumentos mediocres, uno de ellos “falta
de dinero para llevar adelante la escuela”.
En realidad la Universidad no solo había recibido los $
200.000 del legado que todos loa autores refieren, sino que, como heredera de la
sexta parte sobrante, había recibido un total aproximado de $ 540.000 en
metálico.
Cuando el Consejo Superior asigna los fondos necesarios
para el funcionamiento de la Escuela fijará los sueldos anuales en $ 20.000,
solo el 2% del capital recibido, negando sin proponerselo su afirmación de falta
de fondos asentada en el descargo hecho ante su apoderado.
Carlos Meyer luego de rechazar aquel descargo no volverá a
insistir en aquel planteo. Será ese trámite el último en que participará. Los
años tal vez pesaran en el albacea; reemplazado por su hijo por poder, que lo
habilita como tal. En 1950 se da por concluido el juicio sucesorio cuando
Eduardo Racedo el último ahijado llega a la mayoría de edad.
Hoy no existe ninguna orquídea de las originales en el
Instituto Juan O. Hall.
Artículo publicado en Aniversario, numero extraordinario,
de Diciembre de 1998.
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